Devocional Diario

Corazón Tierno, Piel Dura

By: John Carrigan
Friday, May 29, 2026

Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. 1 Corintios 3:6

Cuando Pablo escribió cartas a la iglesia de Corinto, dedicó mucho tiempo a abordar sus problemas. Este versículo forma parte de un pasaje mucho más extenso en el que Pablo trataba las divisiones dentro de la iglesia. Algunos de ellos declaraban su lealtad a Pablo; otros preferían a Apolos. En su carta, Pablo les recordó que los ministros (pastores) son solo una parte de la ecuación. El éxito de un ministerio depende del poder de Dios, no del hombre. Los esfuerzos humanos son necesarios, pero el incremento, el crecimiento y la fidelidad deben provenir de Dios.

Por eso es tan importante la unidad en el ministerio. Es un esfuerzo de equipo, y todos servimos al mismo Dios. El papel de enseñar y guiar a otros es importante, pero también lo es cada función que respalda esos esfuerzos. El discipulado también es muy importante, pero no puede transformar la espiritualidad de una persona a menos que Dios intervenga.

El crecimiento del ministerio depende enteramente de Dios. Pero cuando consideramos la obra del Reino como un «esfuerzo de equipo», la contribución de cada persona se vuelve igual de importante y vital. El ministerio es colaborativo, pero sin la bendición de Dios y su toque divino, nada sucedería. El poder de Dios es lo que transforma vidas, no los programas sofisticados ni los oradores carismáticos.

Necesitaba escuchar estos principios este fin de semana. Mi esposa y yo nos ofrecimos como voluntarios en un evento ministerial en el que se presentó el evangelio, seguido de un llamado al altar. Pero cuando llegó el momento del llamado al altar, ¡ni una sola mano se levantó! Dado que fui yo quien compartió el mensaje, debo admitir que me sentí un poco decepcionado. Pensé que había explicado las cosas con suficiente claridad; fui tan directo que estaba seguro de que alguien tomaría la decisión de seguir a Jesús. Honestamente, fue una experiencia que me llevó a la humildad...

Pero Dios es bueno, y Él sabía exactamente lo que estaba haciendo. Una vez finalizado el evento, un joven y un amigo suyo se nos acercaron para conversar. Nos contaron que sentían que debían haber levantado la mano, pero no lo hicieron. Conversamos un rato mientras nos explicaban su situación y lo que estaba ocurriendo en sus vidas. Oramos con ellos, les brindamos aliento y continuamos conversando con ellos un buen rato más. ¡Esa interacción fue muy edificante para todos nosotros! Si participas en algún ministerio —dondequiera que sea (en la iglesia, el trabajo, el vecindario o el hogar)— y oras por un resultado positivo, que tengas un corazón tierno y una piel curtida. Recuerda: nosotros hacemos nuestra parte, y luego Dios hace la Suya. Es posible que ni siquiera veamos lo que Él está haciendo, pero Él lo hará a Su manera y en Su tiempo perfecto.

Los esfuerzos humanos son una parte esencial de la tarea de compartir el Evangelio, ¡pero el resultado final descansa en las manos de Dios!

Referencias bíblicas de la NIV a menos que se indique lo contrario.